¿Por qué gano yo menos que un suizo?

El edificio de las Juntas Generales de Bizkaia en Bilbao ha sido esta semana el sitio elegido por la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País (de la que, dicho sea de paso, soy orgullosa socia supernumeraria) para organizar unas jornadas muy interesantes sobre los Vascos, Pensamiento y Acción.
 
En la mañana de ayer tuvimos el placer de escuchar las disertaciones de cuatro grandes del mundo de la Economía y la Empresa en el País Vasco: Iñaki Garcinuño (Cebek), Carolina Pérez de Toledo (AED), Asís Canales (Iberdrola) y Mª Carmen Gallastegui (Universidad del País Vasco). Hablaron sobre los empresarios vascos, sobre la importancia de la industria en la economía de este país, sobre el papel de las mujeres vascas en el empresariado, sobre la necesidad de entender la economía desde un punto de vista aplicado y sobre las claves de éxito de las grandes empresas vascas y su impacto sobre el resto de las empresas del territorio. Lo hicieron en primera persona (como deben ser todas las disertaciones interesantes), desde la experiencia, el conocimiento y la cercanía, y convirtieron varias horas de la mañana en un suspiro que, al menos a mí, se me quedó cortísimo.
 
El caso es que el (encendido) debate posterior se centró casi exclusivamente en un tema: ¿somos productivos?, ¿por qué no somos productivos?, ¿por qué en Euskadi no tenemos salarios tan altos como en Suiza?, ¿son los empresarios los culpables de la precariedad laboral en Euskadi?, ¿hay precariedad laboral en Euskadi?. Como siempre me pasa cuando voy a estos sitios, me interesa más escuchar que hablar (mi opinión ya me la sé y no me aporta mucho) y al final me quedé con las ganas de aportar algunos datos. Ahí van:
 
La clave de la respuesta la dio Carlos Moedas en su discurso “Openness as a Catalyst for Innovation” a principios de Diciembre en Viena: “En las economías desarrolladas, más del 60% de la productividad puede explicarse por la innovación”. En realidad, ayer mismo en su disertación, Asís Canales reforzó esta idea cuando afirmó que una de las claves de éxito de empresas como Iberdrola era precisamente el conocimiento y la tecnología como herramientas para mantener una ventaja competitiva continuada frente a la competencia.
 
El último informe de la Fundación BBVA concluye que en España, la economía del conocimiento (la que basa la competitividad en conocimiento e innovación, y no en regalar el terreno y tirar los sueldos) ha permitido a las diferentes comunidades autónomas resistir mejor la crisis en términos de renta, productividad y empleo. A mayor uso del capital humano y del capital tecnológico, mayor productividad y mayor renta per cápita. ¿Ejemplos? Las tres comunidades que basan más su producción en la economía del conocimiento  (Euskadi, Navarra y Madrid) son también las que tienen mayor productividad y mayor renta por habitante.
 
Como muestra el último informe de COTEC “La innovación en España”, la productividad en el país está bajo mínimos y además cada vez es mayor la brecha con líderes como Estados Unidos, Reino Unido o Alemania. Para darle un impulso es necesario establecer medidas para transferir el conocimiento desde la oferta científica y tecnológica hasta las empresas, es necesario adecuar las capacidades a los empleos, eliminar las barreras del mercado de trabajo, crear marcos regulatorios que faciliten la creación de nuevas empresas, facilitar la movilidad del empleo, en fin, poner las cosas fáciles para que exista un entorno en el que la innovación tenga alguna posibilidad de germinar.
 
Es fácil caer en la tentación de culpar a los empresarios, a los políticos y al sistema, pero decir que no somos productivos porque los empresarios tienen sueldos demasiado altos o porque las empresas no pagan todos los impuestos que deberían es, en mi opinión, simplificar el problema. Y lo más peligroso: es una trampa para escudarnos en ella y no ver que, como no nos pongamos las pilas y empecemos a tomarnos en serio que únicamente a través de la innovación y la tecnología podrán nuestras empresas ser competitivas y productivas, el sueldo de los suizos lo vamos a ver solo cuando vengan en agosto a sacarse fotos en nuestras playas.

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