A hombros de gigantes. El futuro de la ciencia en el País Vasco.

Nadie conoce el futuro. Pero conocemos el pasado, sabemos algo del presente y, como dijo Newton: “Si he visto más lejos es porque estoy sentado a hombros de gigantes”. Si sabemos quiénes fuimos y quiénes somos, tal vez podamos averiguar quiénes seremos. Esta reflexión me sirvió para responder a la pregunta ¿Cuál será el futuro de la ciencia en el País Vasco?, el pasado miércoles día 15 de diciembre en la jornada “Vascos, Pensamiento y Acción” organizada por la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País.
Somos un país pequeño, con apenas 2 millones de habitantes, de los que casi 1 de cada 5 tiene más de 65 años. Aunque presumimos de tradiciones, la mayor parte de las familias vascas ya no son tan tradicionales y casi el 20% están formadas por una sola persona. El 7% de los vascos no han nacido aquí. Somos los quintos en Europa en igualdad de género (por detrás de Suecia, Finlandia, Dinamarca y los Países Bajos) y en general, vivimos bastante satisfechos con la vida.
Desde los primeros hornos vascos que datan de la Edad de Hierro, somos un pueblo industrial, aunque los servicios tienen un peso creciente en nuestro producto interior bruto. Y, como nuestros antecesores en la Ilustración, ahora también seguimos siendo innovadores, un país de alta innovación, con un gasto en I+D del 1,82% y una visión de futuro construida sobre tres grandes apuestas: la energía, la fabricación avanzada y las biociencias.
 

Sin embargo, nos queda mucho por hacer. Algunos de los 17 retos del milenio identificados por Naciones Unidas también son relevantes para nosotros:

 
Desde el punto de vista social, el 18% de los vascos no tienen los recursos necesarios para llevar una vida digna, en pocos años seremos una sociedad muy envejecida donde los casos de ansiedad y depresión serán un gran problema, y probablemente necesitemos unos cuantos años más para alcanzar la igualdad real entre hombres y mujeres. ¿Sabías que 1 de cada 4 vascos no se atreve a disfrutar de su baja paternal? Además, nos enfrentamos al reto medioambiental de reducir nuestras emisiones de forma considerable, y de crear un nuevo modelo energético que descanse más sobre fuentes renovables de energía y menos sobre las convencionales.
Y, por supuesto, están los retos económicos. Aunque presumimos de sociedad industrial, el peso de la industria sobre el PIB vasco permanece prácticamente inamovible en los últimos 10 años. Y no es lo único que no se mueve: la industria de nivel tecnológico alto no gana relevancia ni en peso sobre el PIB ni en número de empleos.
La falta de recursos en ciencia y tecnología es otro de nuestros grandes problemas. Lo vemos en España, que pierde competitividad a pasos agigantados con un peso del gasto en I+D sobre el PIB del 1,19% y lo vemos también nosotros, con un peso del 1,82%, que está por debajo de la media de la UE28 y que también desciende año a año. Lo avisaba Xabier Ferras este fin de semana en La Vanguardia: “Tenemos una alerta roja en I+D”. Y estamos a años luz de los líderes como Corea del Sur o Israel que ya superan el 4%, o Suiza, Austria y Suecia que han cruzado la barrera del 3%.
Y si la financiación fuera suficiente (que no lo es), todavía tendríamos que enfrentarnos al reto de invertir con responsabilidad, asegurándonos de que maximizamos el impacto de cada euro que invertimos en ciencia, y de que esta contribuye a generar riqueza y bienestar. Todo esto, y más es lo que tratan de desarrollar las MISIONES, como concepto de política orientada a objetivos.
Aunque puede parecer un concepto reciente, las misiones ya existen desde mediados del siglo pasado. Proyectos como Apollo, Manhattan, ARPANET o CONCORDE fueron sobre todo tecnológicos, pero ahora la mayoría de ellos tratan de responder a alguno de los grandes retos definidos en la primera foto y asociados a energía, transporte, cambio climático, economía circular, reindustrialización o seguridad entre otros ámbitos.
 
 
¿Qué tienen en común todas las misiones? 
Las misiones son proyectos de gran presupuesto y un horizonte temporal normalmente largo, aunque con hitos claramente definidos a corto y a medio plazo. Además, tienen direccionalidad (están vinculadas al menos a un reto global), intencionalidad (sus objetivos están perfecta y a menudo cuantitativamente definidos), se financian con fondos públicos y privados, implican a dos o más sectores y tecnologías, se gobiernan a través de un sistema complejo que implica coordinación vertical, horizontal y, a menudo entre varios países distintos y, finalmente, están dotados de reflexividad (la capacidad de reaccionar de forma ágil ante los cambios de entorno para poder seguir el objetivo previamente definido). 
Implantar un sistema de políticas de innovación basado en misiones tienen muchas más implicaciones de lo que parece: por ejemplo, es necesario revisar los instrumentos financieros actuales y desarrollar nuevos que permitan una sostenibilidad del proyecto a largo plazo además respondan a otros criterios como la justicia social. Tiene sentido pensar que, si mis impuestos se están usando para cubrir el riesgo tecnológico y de mercado que el sector privado no quiere cubrir, cuando el proyecto sea exitoso, como ciudadana recibiré una compensación directa; es decir, el sistema público será capaz de socializar las pérdidas, pero también los beneficios de sus inversiones en la resolución de retos sociales. 
Otra cuestión ¿pensáis que los sistemas actuales de gobernanza de proyectos de I+¿D podrían soportar un proyecto en el que estuvieran involucrados 4 países, y en cada uno de ellos hubiera varias decenas de agentes públicos y privados, y además trabajando en varios niveles?. Pues habrá que pensar cómo hacerlo…
Y ya que estamos pensando, pensemos: ¿está el País Vasco preparado para este cambio? Apostamos por fabricación avanzada, energía y biociencias pero, ¿hemos decidido qué retos nos interesa que elija Europa?, ¿sabemos en qué misiones podemos dar respuesta desde el sistema de ciencia y tecnología vasco?, ¿sabemos en qué sector / tecnología somos los mejores y dónde podríamos competir con cualquier grupo de investigación de Europa…o del mundo? Tenemos el PCTI 2020 y la RIS3, pero, ¿tenemos una visión común de país o vamos cada uno por nuestro lado? En al País Vasco hay 16 centros tecnológicos, 4 CICs, 9 BERCs, 9 estructuras de investigación universitaria, pero, ¿podríamos ir todos a una para trabajar en los retos que nos propongan?, ¿o podríamos quedarnos fuera de juego por falta de masa crítica, de excelencia o, simplemente de coordinación?
 
 
He ahí mi receta para el futuro de la ciencia en el País Vasco: CREER en una visión común donde sólo a través de la ciencia podamos construir el futuro del país e invertir en ello todos los recursos necesarios, y CREAR las capacidades necesarias para dar respuesta a los retos de forma coordinada y eficiente, asegurándonos de que sabemos qué retos nos importan y qué parte de esos retos podemos cubrir mejor que nadie.
¿Será suficiente con esto? He empezado este artículo diciendo que nadie conoce el futuro. No sé si será suficiente, pero desde luego, es necesario.
Creamos, creemos… ¡y ya veremos!
Para saber más:
 
Las estadísticas sobre el País Vasco son de EUSTAT publicadas para el año 2016. http://www.eustat.eus
Las fotos que ilustran las diapositivas pertenecen a la cuenta de twitter @therealbanksy
Para saber más sobre los retos del milenio de Naciones Unidas: https://en.unesco.org/sdgs
El artículo de Xavier Ferras puede consultarse aquí; https://twitter.com/XavierFerras/status/940884221794635781

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